Las últimas tres horas serían decisivas para el futuro del muchacho, una operación podría salvarle la vida así como apagársela en un instante, pero si la operación no se llevara a cabo, el chico podrá quedar vegetal. El dilema lo vive un padre desesperado que ha perdido todo en aquel terremoto que ahora amenaza con llevarse a su hijo. Al parecer no fue suficiente la pérdida de su esposa y sus dos pequeñas de apenas uno y tres años, al parecer no es suficiente saber que al salir de ese hospital no le queda más refugio que la oscura soledad en la triste y funesta calle que solo sabe de muertos y escombros, que solo puede ofrecer mal olor y descomposición por doquier. La decisión de operar al niño solo depende de Rómulo, un hombre trabajador y hasta hace dos días con ganas de salir adelante y ganarse un nombre en el mundo de los autos. La decisión de entregar a su hijo en las manos de un ser humano que no está libre de errores y nerviosismos depende de él. <<Es lo último que me queda, como puedo decidir correctamente, la sola idea de que ocurra lo peor me atormenta de tal manera que mi cuerpo no deja de temblar y mis dientes de tiritar>> Rómulo busca consuelo o por lo menos palabras de aliento en aquella señora cuarentona que se desempeña como asistenta social. <<Señor es lo único que se puede hacer, si usted alberga la esperanza de que un día su hijo vuelva a ser el de antes, tiene que aferrarse fuertemente a ella y no perder la fe>> aquella señora de semblante bondadoso y de brillo especial en sus ojos se esmera en tratar de tranquilizar a Rómulo y orientarlo a tomar la mejor decisión, pero no es así de fácil, Rómulo ha perdido todo lo que tenía, el seguro se venció un día antes de la catástrofe y sencillamente el no terminaba de asimilar la muerte de su esposa y sus hijas, y claro, quién podría tener la capacidad para tomar una decisión tan importante después de ver como un muro perdía consistencia y aplastaba a las mujeres más importantes de su vida, quien podría tener la capacidad de tomar tal decisión después de haber perdido todo lo que con tantos años de esfuerzo había logrado. ¿Quién? <<Señora por favor, que haga lo que crean conveniente>> aquel hombre se siente incapaz de decir sí o no, Se siente derrotado por la vida, por aquel destino que un día le dijo: Tú naciste pobre y pobre morirás. Aquel tipo sin ganas de vivir y mucho menos de saber que acurre a su alrededor, tiene en la cabeza emociones y rencores guardados que no lo dejan siquiera respirar, que presionan su cráneo a tal punto de sentir que en cualquier momento puede estallar. <<No podemos tomar esa decisión señor. Usted es el padre, usted decide, fíjese, de salir algo mal usted podría decir que fue nuestra culpa por tomar esa decisión>> La asistenta no pudo contener más su pronóstico sobre la salud del pequeño Gilberto de apenas onces años. Por otro lado Rómulo se ha percatado de lo que está pasando, ha podido discernir que los pronósticos sobre la salud de su hijo no son favorables y que por lo contrario, lo más probable es que ocurra lo peor, aquel metal que destrozó parte del cráneo del pequeño no saldría de ahí sin dejar secuelas. <<Que lo operen, que se haga todo lo posible por salvarle la vida y la conciencia a mi hijo>> aquel tipo cansado de sufrir acaba de tomar la decisión más importante en su vida. Ya no se trataba de decidir casarse y formar una familia, tampoco de invertir en un negocio emergente, mucho menos de decidir en qué casa quería pasar el resto de su vida, Rómulo acaba de decidir darle una oportunidad a su hijo, acaba de poner en juego la vida del menor, las opciones de que salga bien de la operación y que se recupere de aquel trauma encefalocraneano son poquísimas, pero había que intentarlo, Rómulo no querría ver el resto de su vida a su Gilberto postrado en una cama con mangueras y tubos en todo el cuerpo sin siquiera tener la capacidad de pensar. <<Bien, es una decisión bastante arriesgada señor, déjeme felicitarlo por su valentía. En estos momentos procederán a alistar la sala de operación>> Doña Luz, la asistenta social, se esmera una vez más en mostrarle su apoyo a Rómulo, aunque esto no sirva de nada, ella sabe bien que es estar así, en la cima de la tristeza donde la palabra alegría suena a fantasía y la felicidad no es más que un mito inalcanzable. Doña Luz se ve reflejada en Rómulo, ella trae recuerdos a su memoria, recuerdos de aquellos tiempos cuando era una niña y perdió a sus padres en un accidente automovilístico, aquella mujer que no pasa de los cincuenta años, sabe lo que es perder todo y quedarse en la mas profunda miseria sin más que lo que trae puesto, es por eso que de alguna manera se identifica con Rómulo un hombre que emergió del sótano de la pirámide social, que luchó día a día para poder darle lo mejor a su familia pero que hoy por hoy no tiene más que el triste recuerdo de una familia feliz que se partió el día que el destino toco a su puerta para cobrar lo que era suyo.
Han pasado tres interminables horas, durante este tiempo Rómulo no pensó en otra cosa que no fuera su hijo, la única persona que le quedaba en el mundo, pues ha tratado por todos los medios de olvidarse de su esposa y sus hijas porque ya no están y es el pequeño Gilberto quien lo necesita y es el pequeño Gilberto quien lo motivará para renacer de sus cenizas. Rómulo se consuela pensando que no es el único al que le ha tocado sufrir ese funesto día, se consuela sabiendo que como él, casi tres millones de personas lo han perdido todo, que esta noche escuchará el llanto de otros más que como él se quedaron solo con sus recuerdos, esos recuerdos que vienen una y otra vez solo para arrancar mas llanto y dolor, que solo están ahí como una daga moviéndose al contorno de una herida que lucha por sanar pero que aquel filo de esa daga abre una y otra vez, generando ese dolor que se acumula en el corazón y que lo va secando poco a poco. Rómulo se consuela con eso. Con saber que hoy no será el único que llore a sus muertos.
<<¿Rómulo Quintana?>> pregunta un doctor con una tabla de notas en las manos. <<Sí soy yo>> Rómulo se para intempestivamente de aquella butaca ubicada en la sala de espera. <<Señor, solo para informarle que su hijo acaba de salir de la sala de operación y que por ahora solo nos queda esperar a ver de que manera reacciona su cerebro, si desea puede pasar a verlo>> Solo esperar, solo queda esperar a ver cómo reacciona, es todo lo que hay. Esperar. Para ver si aquella decisión sirvió de algo. <<Gracias doctor, por favor indíqueme donde se encuentra mi hijo>> El doctor amable mente lo llevó hasta la habitación donde permanecía el menor. Inconsciente en una camilla, sin poder moverse ni respirar por sí solo. Rómulo acaricia suave mente las manos de su hijo y no puede evitar mojarlas con sus lágrimas, mientras le dice en voz baja que si se recupera, recuperará todo ese tiempo que no pasó junto a él solo para poder tener un poco mas de dinero, que volvería a ser aquel amigo que Gilberto tuvo los primeros siete años de su vida y que fue perdiendo poco a poco por el trabajo y el afán de ser alguien con poder. Es ahora que Rómulo se da cuenta que lo que perdió no solo es dinero, que él había perdido algo más importante que su casa y sus talleres mucho antes de ese día. Que había perdido a su familia, que el trabajo había podido más que aquel núcleo de la sociedad donde se forman el carácter y la personalidad década niño que forma parte de esta.
Han pasado tres largos años y Rómulo recuperó base de esfuerzo y sacrificio todos los bienes materiales que había perdido en aquel terremoto, pero claro esta vez no repitió los mismo errores y le dedicó el mejor tiempo de sus días a su hijo que hoy pudo volver a dar unos pasos y que en unos meses podrá hablar con normalidad y volverá a la escuela.
Rómulo aprendió –por las malas- que el destino lo hacemos nosotros y no ningún tipo desubicado que por querer bajarnos las moral nos diría cualquier cosa, Rómulo aprendió que lo más importante es Dios y la familia que solo en ellos puede refugiarse, no en el trabajo ni con aquellas personas que dicen ser nuestras amigas pero que cuando las necesitamos de verdad desaparecen. Que no haga falta perder a nuestros seres queridos para recordar que sentíamos cosas especiales por ellos.
creado el domingo 30 de enero del 2011
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